Hotel “disperso”: estrategia de diseminación

Abordar la estrategia de implantación de un conjunto de piezas más o menos numerosas implica reflexionar acerca del grado de compacidad o dispersión que es más oportuno para desarrollar una determinada vía de exploración arquitectónica.

La cuestión de la densidad está relacionada con el impacto sobre el territorio de la nueva pieza. Pero también con la mayor o menor presencia de la volumetría en el paisaje, al actuar activamente como foco/objeto o al disgregarse hasta casi desaparecer o mimetizarse con el medio físico, con un papel más “pasivo” respecto a la modificación de las condiciones pre-existentes en el lugar.

Respecto a esta segunda forma, la más “discreta” (aunque no por ello necesariamente menos “agresiva”), supone una puesta por evitar potentes volúmenes, por la excesiva exhibición del artefacto arquitectónico. Obliga, no obstante, a diseminar las piezas demasiado, dejando que el espacio, la luz y el aire (tan importante cuando estamos junto al mar) se cuele entre ellas. Esta estrategia genera episodios de interés al pasear “entre” los volúmenes, a descubrir el paisaje y el horizonte en su percepción dinámica, a jugar con las escalas entre las piezas, a orientar las vistas con cada quiebro de los recorridos que transcurren al aire libre…

Valga como ejemplo el hotel del que ya os hemos dejando alguna “perla” en post anteriores: el Hotel “Aire de Bárdenas” situado cerca de Tudela (Navarra), obra de los arquitectos E.López y M.Rivera. Una planta para estudiar con calma…

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